jueves, 29 de diciembre de 2011

Capitulo 1, Owl Sowl.

¡Por fin! ¡¡Sí!!
Hace poco comenté que quería publicar una novela por entrega, un proyecto personal que me emociona mucho y no dejaré *w*
Hice este blog con ese propósito: publicar textos cualesquiera; para poder compartirlos, que luego se sienten muy solos dentro de mi computadora. Si en tu blog publicas tus propias historias,  dímelo, y las leeré con gusto. ¡Me encantan las historias originales!
Mi “novela” (se siente raro llamarla así, como muy serio. Después de todo sólo llevo un capitulo) se llama Owl Soul, y la reseña esta en el post anterior. Acabo de terminar el primer capitulo. Me ha costado cuatro días hacerlo, pero es que he comenzado desde cero y no me arrepiento  :’D
Y aqui está:
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Owl soul
Capitulo uno – Esa sensación.

Cerré los ojos con fuerza. Al abrirlos, la terminal de autobuses se tornó borrosa y giró levemente a mí alrededor; agradecí que la gente que corría de un lado a otro no me prestara la más mínima atención. Contuve apenas la necesidad de golpear mi cabeza contra la pared a mi izquierda. En cambio, decidí recostarme sobre ella, mientras le pedía a cualquier fuerza suprema que la migraña solo desapareciera. Espere unos segundos.
Demonios.
Hurgué casi con desesperación en mi bolso de mano, pero no lograba encontrar el frasco. Dejé mis maletas en el suelo y miré alrededor en busca de algo plano. De tres zancadas llegué a un mostrador de folletos, y apoyé casi con furia mi bolso ahí. No era consciente de nada –ni siquiera de la mujer del mostrador que me miraba sorprendida- que no fuera esas melódicas palpitaciones en mi sien.
¡¿Dónde había metido el frasco?!                                                                          |         
-Se… ¿Se encuentra bien, señorita? - la mujer tocó mi hombro amablemente. Tomó todo mi autocontrol alzar la vista y esbozar una débil sonrisa.
-Sí -respondí con voz ronca-. Yo… lo siento. Sólo buscaba algo en mi bolso. Y  no logro encontrarlo.
-Oh –dijo frunciendo el ceño-. ¿Es muy importante?
Le miré incrédula. Claro que no, pensé con malicia. Solo me ha dado por buscar cosas totalmente al azar en una terminal de autobuses atestada de gente. Un nuevo hobbie… las estampillas ya están muy vistas.
Mordí mi lengua. Ella sólo quería ayudar y yo estaba siendo bastante grosera. Suspiré y seguí buscando con mis manos mientras mantenía mi expresión neutra.
-Sí que lo es… -murmuré. Sentí el tacto del plástico frio y casi quise llorar de alegría –. Y ya lo encontré.
Desenrosqué el frasco transparente y tomé una pastilla púrpura del tamaño de una moneda pequeña. Magia, magia pura. Tomó solo unos segundos para que el dolor se esfumara completamente, casi pude sentir como el mundo se estabilizaba de nuevo. La mujer del mostrador era una señora mayor, menuda y de cabello gris. ¿No lo conocía de algún lado?
-¿No eres muy joven para depender de pastillas?-ella me miró con suspicacia-. ¿Cuántos años tienes? ¿Quince?
Escaneó desde mis converse deslavados hasta el moño despeinado que descansaba en la punta de mi cabeza con sus pequeños ojos café. Me había vestido para viajar cinco horas por carretera, después de todo.
-Tengo diecisiete –yo estaba demasiado feliz como para indignarme por ser la tercera persona en el mes que me preguntaba lo mismo. Incluso saqué mi identificación de la biblioteca y se la mostré-. Los acabo de cumplir el mes pasado –la anciana seguía teniendo los ojos entrecerrados, así que levanté el frasco a regañadientes  y puse la etiqueta justo  frente a su rostro- son para las migrañas. Controladas ¿lo ve?
Deduje por su mirada que no lo hacía. Probablemente lo único que veía era el hecho de que hacia un minuto yo parecía querer matar a alguien y ahora sonreía estúpidamente.
Y que por lo tanto tal vez yo era bipolar.
-Oh. En ese caso -no parecía muy convencida, pero echó una mirada al reloj de su muñeca y salió de detrás del mostrador.  Me dedico una última mirada-. Bienvenida a Cleo.
-Gracias.
Regresé al lugar donde había dejado mis maletas. Por primera vez desde que llegué, miré realmente alrededor. Combinando el hecho de que Cleo era un lugar caluroso y húmedo y el que la terminal careciera de aire acondicionado, la gente dentro del lugar parecía estarse derritiendo lentamente. Los turistas eran una especie aparte: usaban gabardinas y abrigos gruesos que desentonaban terriblemente con las palmeras  ondeantes en el exterior.  También parecían increíblemente irritados; un anciano frente a mi no paraba de refunfuñar y quejarse. Alguien debería tener la obligación avisarles sobre el clima loco del lugar.
Yo había visitado Cleo un par de veces siendo pequeña. Aunque me gustaba el clima frio, usar shorts y playeras no me molestaba demasiado; y ahora que me mudaba permanente sospechaba que ese sería mi único guardarropa.
Suspiré pesadamente. No es que me deprimí riera la idea de mudarme a otro lado, pero, ¿a Cleo? El ambiente del lugar era totalmente diferente del de donde me crié. Más… festivo, lleno de vida. Como cualquier lugar turístico, pensé. Una señora pasó junto a mí con el ceño fruncido y un bebé gritando. El llanto del niño consiguió sacarme de mi aliviado ensueño, y según el reloj colgado sobre el mostrador, hacia ya veinte minutos que había bajado del autobús.
-¿Charlotte?
Alcé la vista al escuchar mi nombre, pero un par de brazos ya estaban rodeando mi cabeza protectoramente. Mi instinto de supervivencia –resultado de haber vivido toda mi vida en la ciudad- me hizo buscar en los bolsillos de mis jeans.  Antes de darme cuenta siquiera de que había dejado mi gas pimienta en el apartamento de tía Lucy, los brazos me soltaron y su dueño apareció. Parpadeé, un poco confundida. Era tan alto que prácticamente tuve que estirar mi cuello para poder mirarlo a la cara.
Y era Iván, mi padrino.
-Lo siento –él se apartó prudentemente de mí. Buena elección-. Es que hace mucho tiempo que no te veía. Has crecido mucho, Charlotte.
-Charlie. Me llamo Charlie -mi voz sonó desafiante. Me aclaré la garganta-. Y no te preocupes, hum... padrino.  Solo me sorprendiste un poco.
Y no me había visto desde que yo tenía cinco años, ¿esperaba que tuviera la misma altura?
-Puedes llamarme Iván, Charlie –sentenció amablemente.
Iván debía rondar los cincuenta años. Tenía más canas de las que recordaba la última vez que lo había visto alrededor de su cabello negro, sus ojos grises me recordaban a los de tía Lucy.
-Entonces Iván será… -sonreí-. Gracias por recibirme.
-Me da mucho gusto que estés aquí - su sonrisa afable produjo pequeñas arrugas alrededor de sus ojos –.  Tú sabes… ellos querían lo mejor para ti. Y Lucy también.
Sentí una pequeña sonrisa asomarse en mi rostro. La única prueba de que alguna vez había tenido padres era una fotografía deslavada que descansaba en el fondo de mis maletas.  Ellos habían desaparecido cuando yo tenía cuatro años y aunque apenas y los recordaba, me gustaba pensar que ellos me habían querido mucho. La tía abuela Lucy… bien, ella se ocupó de mí durante casi trece años, pero durante todo ese tiempo la veía como máximo dos veces al día. No nos llevábamos muy bien.  Aun así era el único familiar sanguíneo que me quedaba, e incluso ella se había ido.
Y luego la gente me pregunta por qué era tan reacia a crear lazos emocionales.
-Lo sé.
-Te encantará vivir aquí. ¿Recuerdas a Rena, la señora que me ayuda con los quehaceres? Está ansiosa de volver a verte. Además Elena y tú se llevaran bien.
-¿Quién es Elena?
-Una amiga –repuso evitando mi mirada. Cambió el peso de su cuerpo de un pie a otro-. Pasará el verano aquí y le ofrecí quedarse en mi casa.
Ajá. Amiga. Casi pude leer la mentira en su rostro. Pero no lo presioné, ya tendría tiempo de sobra para conocer a su novia secreta. Contuve una sonrisa.
Entonces lo vi. Un dije, colgando del cuello de Iván, sobre su camisa. Era pequeño: una hermosa lechuza hecha de oro, con dos esmeraldas resplandeciendo los grandes ojos del ave.
Igual que mi lechuza.
-Tu dije –señalé-. Es idéntico al mío.
Toqué mi cuello inconscientemente. A diferencia de su dije, que dependía de una delgada cadena, el mío lo hacía de una gargantilla de tela color purpura. Había sido el único objeto material que mis padres me habían dejado.
-Alguien muy querido nos regaló estos a tu padre y a mí.
Enarqué una ceja. Nadie me había dicho nunca que fue inicialmente un regalo para mi padre. Aunque, tía Lucy casi nunca hablaba nada sobre él, de todas formas.
-¿Quién?
-Quizás luego te hable de esa persona –su rostro se ensombreció por un segundo y dio el tema por zanjado-. Bien, creo que es hora de irnos -miró hacia el exterior y dio un pequeño suspiro-. Ya es tarde y son quince minutos de camino. ¿Éstas son tus maletas?
 -Sí. ¿Necesitas ayuda?
-Gracias pequeña, pero aun no soy tan viejo. –repuso riéndose.
Me hubiera ofendido del “pequeña” de no ser porque, al medir un metro setenta y odiar el hecho de no ser petite como el resto de las chicas de mi edad, era casi como un halago para mí.  Además, Iván debía tener un poco menos de dos metros de altura. Todo el mundo debía de ser pequeño para él. Como Gulliver, supuse.
Me encogí de hombros y me aparté de su camino –Entonces, después de ti.
Salimos al amplio estacionamiento y colocó mis maletas en la cajuela de un Camaro negro. Mientras veía como luchaba por hacer entrar todo, saqué un par audífonos de mi bolsa de mano. Hacía meses que me había vuelto asidua de ellos, más por evitar silencios incómodos en público que por el simple hecho de escuchar música. Era un poco cobarde, pero no estaba dispuesta a ser parte del interrogatorio de rutina que sabía tendría por parte de mi padrino. Por lo menos no hasta mañana.
Presioné play y subí al asiento del copiloto.
La sensación de desasosiego que sentí tan pronto cerré la puerta  me golpeó tan fuerte y tan de pronto que me mareé por un segundo; como si alguien me hubiese sacado el aire de un puñetazo. Angustiada, miré a Iván entrar al auto con una gran sonrisa. Giré el rostro hacia la ventana rápidamente y traté de ocultar mi expresión. Me sentí asustada, pero no podía dejar que se diera cuenta de mi opresión, no podría soportar otra persona preocupándose por mí salud mental.
 A través de la música alta pude sentir el coche arrancando. La falta de aire se convirtió en una terrible opresión en el pecho. Trate de respirar y concentrarme en el paisaje. ¿Por qué? ¿Por qué me sentía tan… mal? Tal vez la migraña no había desaparecido del todo. Pero lo que sentía era diferente: el dolor no era dentro de mi cabeza; estaba ubicado dentro de mi pecho y comenzaba a provocarme una ansiedad más allá de la que podía soportar. Levanté la pantalla de mi reproductor: undergroud. Cambié por música clásica. Quizás me sentiría mejor así.
La carretera estaba casi desierta. Miré de reojo a Iván. Parecía inmerso en un monologo complicado, ni siquiera se había dado cuenta de que estaba escuchando música. Giré mi rostro hacia él, y lo único que pude hacer sin romper mi mascara de tranquilidad fue asentir levemente y sonreír de lado, con la esperanza de que no estuviera preguntándome algo. Suspiré mentalmente cuando el sonrió como respuesta y volvió la vista hacia la carretera.
No se iba. El sentimiento de opresión. Quise respirar aire puro, pero me abstuve de abrir la ventanilla del carro. Mi cabello me daría mala tregua. ¿Y si eran las pastillas purpuras? Las había tomado toda mi vida, cuando aparecían las migrañas, y hasta ahora no había tenido ningún efecto secundario. Lucy había dicho que eran seguras.
Lucy. Tal vez no había superado su muerte del todo.  Pero ya habían pasado dos semanas, y de todas formas no me sentía especialmente triste. O con ganas de llorar, para variar.
 Simplemente… me sentía agobiada.
Pensé en algo con lo que despejar mi mente. Afuera del Camaro, el tinte anaranjado del cielo se veía increíblemente hermoso. Parte de Cleo se encontraba mayormente a la orilla de la carretera. Todas las casas tenían cierto aire antiguo y pulcro, con grandes patios llenos de árboles frutales y mecedoras de mimbre.
Iván giró a la derecha, hacia un cartel un poco viejo que indicaba ‘Cleo. Bienvenidos’ con letras góticas. Apenas entramos al camino, decenas de negocios aparecieron. Todo parecía completamente colonial, como si se hubiera detenido el tiempo antes de que el modernismo hubiera tocado tierra en el lugar.
Iván paró el auto. Fruncí el ceño y mire alrededor, no recordaba que su casa quedara por aquí. Luego miré una pequeña tienda de comestibles a un lado. Me quitÉ los audífonos lo más rápido que pude.
-…Algunas papas para la cena. Planeo hacer ensalada de papa -él me miró de pronto dubitativo-. ¿Te gusta la ensalada?
-Me encanta-respondí rápidamente, como si hubiera escuchado cada palabra que el había pronunciado desde la terminal. Asintió y salió del auto –Entonces no tardo.
Caminó a la tienda de comestibles, que se veía solitaria. Ahora que se había ido, pude darme cuenta que la noche había caído. La mayor parte de los negocios ya estaba cerrada y el camino se veía desierto. Miré mis audífonos, decidiendo de pronto no usarlos hasta llegar a la casa de Iván.
La sensación de desasosiego seguía sin irse de mi pecho. Me recosté sobre mi asiento diciéndome a mi misma que mi padrino sólo tardaría cinco minutos en volver. Llegaríamos a su casa, conocería a Elena y cenaría ensalada de papas. Simple y hermoso.
Pero al mirar por el retrovisor, vi a un chico sentado cómodamente en el asiento trasero devolviéndome la mirada.
Mi primera reacción fue gritar. Mucho. Lo suficiente para que Iván saliera corriendo de la tienda; y con una escopeta bien cargada, si era posible. Entonces recordé esos tipo en las películas que se abalanzaban contra la chica al darse cuenta que ella gritaría, e hice todo lo posible por no moverme. Gas pimienta, como te necesitaba.
-Vaya -dijo el chico con una gran sonrisa-.  Al fin has decidido volver al mundo real.
Me quedé ahí, con el corazón a punto de salir de mi pecho, mirándolo atónita.  Calculé rápidamente su edad, concluyendo que debía ser algo mayor que yo. Sus profundos ojos negros tenían un brillo de suspicacia, y por la forma en que tenía que encogerse entre el asiento y el techo del carro debía ser bastante alto. No sabía si el hecho de que fuera atractivo era algo malo o algo bueno.
--No soy ningún secuestrador –su tono era una mezcla entre diversión y burla. Alzó sus manos como si de ese modo probara su inocencia-. No, no te voy a amordazar si hablas.
La situación era absurda. El no había entrado antes de que Iván saliera, así que tuvo que estar sentado ahí desde la terminal de autobuses. Preguntarle quién diablos era hubiera sido una buena forma de romper mi incredulidad. Pero mi cerebro estaba demasiado ocupado tratando de calmar mi sistema nervioso como para preocuparse por otra cosa. ¡Respira, por Dios!
Él suspiró y se encogió de hombros.
-Esta es la parte–señalo a ningún lado en particular- donde se supone que me insultas por haberte asustado -su cabello castaño caía sobre sus hombros, como si se acabara de despertar de una siesta-. Me llamo Milo, por cierto. Y a pesar de que pienso que mi voz resulta cautivante, me aburre hablar solo – ladeó una sonrisa sarcástica y se apoyo en el asiento delantero, ofreciéndome su mano.  
Yo no pude más que mirarla con extrañeza, mientras una parte de mi se debatía entre tomarla o seguir su consejo y maldecirle.
-¿Quién te crees que eres…-mi voz sonó ronca-…para asustarme de ese modo?
-Alguien que cree que usar eso -señaló los audífonos que mi mano atenazaba, aflojé el apretón y cayeron en mi regazo- mientras te presentan a alguien es de mala educación.
Tomé la manija. Si abría la puerta y corría, entonces yo… Espera, ¿Qué?
-¿Huh?
-Nos presentaron hace casi dos kilómetros  –explicó cansinamente. Fruncí el ceño, tratando de encontrar sentido a sus palabras -¿Cuándo giraste el rostro y te diste cuenta que Iván  pronunciaba palabras que no podías escuchar a través de la música? Entonces asentiste y sonreíste – a él pareció divertirle ver mis ojos convertirse en dos platos-. Si, ahí fue cuando nos presentaron. Hubiera sido un bonito gesto voltear hacia el asiento de atrás, Charlotte.
-Charlie – la corrección de mi nombre salió casi por inercia de mi boca.
Se encogió de hombros. Casi pude leer un “no me importa en lo más mínimo” grabado en su expresión.
Imbécil.
Un chasquido a mi lado me hizo saltar en mi asiento.
-Lo siento por tardar. Jeune no lograba encontrar…- Iván abrió la puerta del Camaro cargando una bolsa negra bajo el brazo. Me miró primero a mí y después a Milo, evaporando mis esperanzas de  que él fuera sólo un molesto fantasma-. ¿Sucede algo, Milo?
-En absoluto, Tio -respondió el chico guiñándome un ojo-. Sólo nos poníamos al tanto.
Iván arrancó el coche  y empezó a conducir  por el camino, que se veía cada vez más tenebroso por la poca luz que brindaba la luna menguante.
-Me da gusto. No te veías muy interesada cuando te presenté a Milo, y me gustaría que hicieras amigos de tu edad -me miró-. Charlie, ¿segura que te sientes bien? Te ves un poco pálida.
-Estoy bien, soy pálida la mayor parte del año –repuse rápidamente, volteándome sobre mi asiento y mirando hacia el frente-. ¿Quién es Jeune?
-La dependienta. Una lindura, ya vieras. Siempre tan amable.
-Oh… Pero Elena, ¿Es ella quien te gusta, no? –la pregunta salió antes de que pudiera detenerla.
Otra vez no.
Ahí estaba: mi molesta enfermedad patología de decir cosas sin sentido cuando me sentía nerviosa. Después de tanto tiempo sin que se manifestara, había tenido la esperanza de que simplemente hubiera desaparecido. Otra parte de mi personalidad en la que trabajar. Genial.
Escuché una risa reprimida en el asiento de atrás y luché por no dedicarle a Milo una mirara ceñuda por el retrovisor. Cerré mis ojos con la esperanza de que Iván no me hubiera escuchado, pero al abrirlos vi una sonrisa divertida asomarse en su rostro.
-Bueno, si  Jeune no hubiese sido compañera de juegos de mi madre, probablemente me gustaría de ese modo- soltó una carcajada-. Pero eso no quiere decir que haya perdido su belleza. De todos modos, me cae muy bien - de repente pereció muy ocupado divisando la carretera-. Hmm, Elena… sólo es una amiga.
No sabía que responder a su tono de decepción, así que solo asentí. Milo resopló y de pronto lo tuve a cinco centímetros de mí, recostando su hombro plácidamente sobre mi asiento.
-¿Quisieras ser mi amiga, Charlotte? –su aliento fresco acaricio mi rostro, haciéndome olvidar momentáneamente  la opresión en mi pecho.
Quise decirle que lo dudaba mucho, pero Iván estaba presente y no quería que se preocupara aún más por mis habilidades sociales. Respondí un seco “por supuesto…” y me hice pequeña en mi asiento, esperando que Milo adivinara el resto de la frase (“…que no”).
Aunque tal vez no lo hizo, por que sonrió satisfactoriamente y volvió a su asiento, dejando el ambiente en silencio.
Me encantaba el silencio… cuando me encontraba sola. Cuando estaba con alguien más, especialmente con personas técnicamente extrañas, el silencio me producía ansiedad. Mi hiperactividad me había hecho llenar esos silencios con conversaciones sin sentido toda mi vida, pero los últimos meses apenas me sentía con ganas de hablar, por lo que había terminado por usa los audífonos cada vez que me encontraba en público.
Pero ahora estaba demasiado apenada y frustrada con lo que acababa de pasar con Milo. Por otro lado la angustia que había sentido al subirme al coche no había desaparecido. Y era demasiado cobarde como para volver a usar los audífonos. ¿Y si salía otro familiar de Iván de, no sé, la cajuela del auto?
Mejor no atenerse.
-Y dime, Charlie…-el tono de voz de Iván pretendía ser normal. No lo logró.
Por favor, no. Las preguntas incomodas no.
-¿SI? –pregunté con temor.
Una de las desventajas de ser alta: el espacio para hacerme pequeña en mi lugar era limitado.
-Escuché que te gusta tocar el piano. Un hombre me ofreció uno a un buen precio, y lo compré. Un hermoso ejemplar antiguo –comentó-. En la tienda no cabía así que lo he dejado en la casa. Creí que me serviría, pero ¡ja! ni siquiera sé como tocarlo. –desvió la vista del camino por un segundo-. Eres libre de usarlo cuando quieras.
Suspiré de alivio. Y acto seguido, abrí los ojos como platos. ¡Un piano! Siempre había querido tener uno. Y aunque técnicamente no era mío, podía usarlo. Hubiera saltado de alegría de no estar sentada.
-¡Muchas gracias! –exclamé emocionada-. De verdad que sí. Te abrazaría, pero quiero llegar de una pieza a tu casa.
Iván era dueño de una tienda de antigüedades. La única de Cleo, de hecho. Lo que era en mi opinión algo paradójico, pues Cleo parecía una gran antigüedad en sí misma. La tienda era un negocio familiar,  trabajaba atendiéndola,  y convenciendo a la gente que le vendiera piezas antiguas para poder restaurarlas y venderlas.  Aunque más que un trabajo, era su vocación.
Él soltó una carcajada –No es necesario, no tienes nada que agradecer. Y tampoco tienes por qué preocuparte, ya llegamos.
La casa de Iván seguía el patrón colonial de las demás casas en todo el pueblo; a excepción de que no tenia patio delantero y la fachada estaba pintada de un reluciente color verde agua. Las dos plantas de la casa contaban con ventanas de casi mi altura. Era mucho más bonita de lo que recordaba.
Bajé con un poco de dificultad del coche tan compacto. Cerré la puerta, sin saber muy bien qué hacer. Iván estaba demasiado ocupado sacando mis maletas de la cajuela de su auto. Milo bajo después de mi; como pensé, era más alto que yo. No mucho, después de todo. Siendo sobrino de Iván, la altura debía ser algo de familia.  Tenía cierto aire oscuro que parecía envolverlo, y su mirada profunda no lo ayudaba a no parecer permanentemente culpable de algún delito. No me di cuenta de que lo estaba mirando fijamente hasta que el me devolvió la mirada.
-Te puedo dar una foto mía, si te apetece.
Desvié la vista e hice caso omiso a su comentario.
-Espero no haber roto nada. ¿No tienes nada que pueda romperse, verdad? –Iván apareció de la nada con todas mis maletas bajo el brazo. Parecía exhausto y suspiró cuando negué con la cabeza-. Muy bien. Milo, ¿cenaras con nosotros?
-Lo siento. Tengo práctica –repuso.
Mi orgullo me obligó a morderme la lengua y no preguntar nada.
-No te preocupes, chico. Pero mañana necesito ir a casa de Dalia, y quiero que me acompañes. Tiene un asombroso reloj antiguo y quiere vendérmelo.
-Estaré a primera hora.  
-También sería bueno si le enseñaras el pueblo a Charlie.
Me paralicé en mi lugar. Di que no, por favor. Solo di que no.
-Encantado.
Apreté mi mandíbula.  Mi padrino caminó a través del umbral de la casa y comenzó a abrir la puerta mientras mantenía las maletas en equilibrio con la otra mano.
-En ese caso, buenas noches. Eh, Charlie ¿Podrías sacar las papas? Las he olvidado en el carro.
Entró a la casa. Consciente de que Milo se encontraba detrás de mí, di media vuelta y camine directo al Camaro sin mirar a ningún lado en particular. Cogí las papas y cerré el auto rápidamente.
-¿Charlotte?
 Bufé de pura frustración. O el tipo tenía memoria a corto plazo o simplemente le gustaba cabrearme. Volví sobre mis pasos, dispuesta a encararlo y  recordarle mi nombre otra vez.
-Charlie -resoplé irritada poniéndome frente a él. Un segundo después, el rostro de Milo estaba  a centímetros del mío,  haciendo que mi voz se apagara hasta convertirse en un susurro-. Me llamo… Charlie.
 De pronto me sentí muy desprotegida. Él entorno los ojos. Sus hombros parecían tensos, como si estuviera en guardia. Cinco segundos después los relajó y suspiró.
-Estoy bastante seguro que tu acta de nacimiento no concuerda con eso -enarcó una ceja-. Esto te pertenece-tomó mi mano y  puso algo dentro de ella, despegando una sensación de desconfianza irracional sobre mi. Instintivamente quite mi mano y di un paso atrás.
Era él. No era el maldito Camaro, no era la situación de mudarme  y definitivamente no eran los recuerdos. Milo me  causaba ese sentimiento oscuro de debilidad, simplemente lo sabía. Cada vez que él se acercaba, esa sensación de desasosiego y desconfianza se instalaban en mí como algún tipo de escudo protector, y lo único que resonaba en mi mente era la necesidad de alejarme.
El sonrió a su pesar, pero no pareció sorprendido. En mi mano había una gargantilla morada con el dije de una pequeña lechuza de oro en el centro. Mi lechuza.
-De nada.
-¿Donde lo cogiste? -hice lo imposible para que mi voz no sonara débil. Quería desviar la mirada, quería irme de allí.
-En el lugar donde lo has dejado olvidado -se encogió de hombros y sonrió maliciosamente -. Será divertido enseñarte Cleo. Buenas noches, Charlotte.
Dio media vuelta y comenzó a caminar sobre la carretera, mientras yo trataba de recordar la manera apropiada de respirar. Segundos después desapareció entre la niebla.
Y el sentimiento de opresión que había sentido desde que entré al Camaro también lo hizo.

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Y hasta aquí. Me costó un trabajo horrible que quedara como quedó, pero me ha gustado mucho. También quise escribir sobre como Charlie conocía a Elena, pero el capitulo ya estaba muy largo, además ya no me quedaba cabeza para imaginarme a la novia de Iván,  así que queda para el capitulo dos :)
De verdad, me gustaría que comentaran como les ha parecido. ¡Acepto con gusto las críticas!

Besos, Hyp <3

martes, 27 de diciembre de 2011

¡Creo…


…que ya casi termino el primer capítulo! SisiSI!<3
Me he tardado más de dos semanas decidiendo una historia, y al final opté por una que solo tenia la idea principal pero que prometía X))
Aqui dejo mientras sobre lo que trata. Soy más allá de lo terrible en cuanto a crear sinopsis (ironía), por lo que no me hago responsable si sueno redundante :c


 Owl soul –
Charlotte acaba de perder a Lucy, su tía abuela y tutora. A pesar de no llevarse bien con ella, la había criado desde que los padres de Charlie desaparecieron cuando ella tenía cuatro años. Ahora tiene que vivir con Iván (su padrino) en Cleo, un pequeño pueblo del sur. No sólo tiene que adaptarse un ambiente totalmente diferente al que está acostumbrada, sino que también tiene que aguantar las respuestas evasivas que consigue de su padrino cuando comienza a darse cuenta de que algo no concuerda con la historia que siempre le han contado sobre su familia.
Y a Charlie no le importaría tanto si no fuera por el hecho de que todo el pueblo parece conocer alguna parte turbia de su pasado, excepto ella. Y Milo, el inconvenientemente sexy sobrino de Iván que no parece encontrar otra cosa más interesante que seguirla a todos lados ‘por que él se lo prometió a Iván’ no le pone las cosas fáciles para poder descubrir el secreto que todo el mundo le esconde.
¿Lo peor de todo? Su padrino ha decidido quitarle las pastillas púrpuras que Charlie siempre ha tomado para mitigar las migrañas que soporta desde que era pequeña, y ahora parecen haber llegado a un punto sin retorno en el que ella apenas puede soportarlas.  Así que cuando comienza a ver cosas moverse a su alrededor deduce que el dolor la ha vuelto completamente loca.
Ojala fuera tan fácil.


Y hasta ahí. Sé que el nombre no tiene nada que ver con la sinopsis, pero prometo que luego cobrará total sentido.
¿Que les parece?
¡Besos de aquí al infinito!

Lo que escucho mientras trato de conectar ideas sinsentido.



Ya habia escuchado esta canción mucho antes, pero nunca lograba acordarme del nombre (aunque ahora que me doy cuenta es bastante obvio por la letra de la canción). Si no me equivoco, la primera version la cantó Julio Jaramillo; el video de arriba es el cover de  Enrique Bunbury y ¡me encantó!
Y como adoro las historia apocalipticas, por el video se llevó un extra bonus ;)

Hay algo sobre este tipo de canciones que me hacen sentir nostalgia. Personalmente prefiero las letras que tengan un verdadero significado; una historia que contar, no sólo un coro de tres palabra pegajosas y una cara bonita cantándolo.





sábado, 17 de diciembre de 2011


Leer un libro la primera vez es tantear el terreno.
A la segunda vez, reconocerlo.
A la tercera, puedes caminar tranquilamente sobre él. Aún si es minado.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Ahora si no te dejo mi amado blog.




Vale, que he vuelto. No tengo ideas, no tengo inspiración y la falta de libros interesantes me está MATANDO.

Por cierto, tengo varias historias varadas tanto en mi mente como en los archivos de mi computadora; me gustan todas (las historias), y sin embargo no logro decidirme en terminar ninguna. Es FRUSTRANTE.

Pero... creo que encontre una solución a mi indecisón (rimó!). Recientemente lei en un blog (mi memoria de haba no me permite recordar cuál) sobre las "novelas por entrega"; que no son otra cosa que una novela (tú preguntaras: ¿en serio?, jamás lo hubiera imaginado por el nombre, Hyp -.-'... y yo diré: si, soy redundante, ¿y luego? u,u) que se va haciendo poco a poco; los capitulos se van publicando periodicamente (cada semana, cada quincena, cada MES) en un blog, como por ejemplo, el de moi
O algo así fue lo que entendi ._.
ASI QUE, yo quiero escribir una novela por entrega :) No sé que historia publicaré y tampoco cuando, pero prometo por la garrita que será la próxima semana, tal vez lunes o miércoles (martes no. los martes no te cases ni te embarques, diria mi madre. O publiques novelas, diria yo). Lo que si sé es que será juvenil, tal vez romántica (pero NO melosa), publicaré un capitulo nuevo cada semana... y ya :B lo demás lo descubriré sobre la marcha.

Como acabo de salir de vacaciones (OH, GRAN DESCANSO MISERICORDIOSO) técnicamente me sobra tiempo. Técnicamente, por que tengo el tipo de familia que no cree en eso de que las vacaciones sean para descansar, sino para hacer un montón de actividades familiares que, por cierto, me traen sin cuidado -.-



Hyp <3

PD: Amo a mi familia, pero creo que no comprenden lo que es no dormir bien un semestre ENTERO por estar haciendo proyectos escolares que de todas maneras nunca saldrán bien. Por que asi es la vida y por que nací con poca suerte.

viernes, 8 de abril de 2011



La inspiración es como una niña traviesa. Tienes que ir tras ella o corre el riesgo de ser atropellada.

miércoles, 30 de marzo de 2011

sábado, 26 de marzo de 2011

Réquiem


Amo tu sonrisa.
Amo tu debilidad, tus errores; todo lo que representas tú
 Y lo que sientes al sonreír sin razón aparente.
Muero por escuchar tu voz disculpándose a mi oído.
Pero sé que eso nunca sucederá; porque te deje ir.
Callé mis palabras al tenerte frente a mí y te fuiste,
 Feliz y alegre; ajeno a mi dolor.
Dejé que las cosas tomaran su rumbo y me sumí en la inconsciencia,
Una comodidad triste, fría;
 Y ahora que ya no estás a mi lado y extraño tú presencia como si el aire me faltase,
 Lo único que tengo que decirte es que te extraño.
Y extraño terriblemente tus errores.
Y sobre todo, extraño tu sonrisa.

viernes, 25 de marzo de 2011

Hyp, presentandose parcamente.


Hyp es un nombre bonito.
Me gusta mucho; viene de una de mis grandes ídolas, Hypatia de Alejandría, una mujer de armas tomar y un gran ejemplo sobre seguir tus convicciones.
Hace ya más de dos años que he intentado crear, y sobretodo actualizar, un blog, pero  algún tipo de bloqueo mental me provocaba salir echando humos de cualquier decente intento:( 
En ultima instancia, me he dado cuenta que cada vez que pienso demasiado sobre algún proyecto que al principio se suponía solo diversión, mi mente comienza a volverse  tediosa y termino por cortar con el mismo por lo sano.
Por eso decidí no pensar mucho y crear este blog -el tercer intento-, con la esperanza de no dejarlo padecer.
Bien dicen que a la tercera va la vencida.
Espero sea cierto;)
¿De qué va este pequeño rincón de nimiedades? Más que nada, es un gran y virtual desahogo para esta pobre mente llena de ideas raras e incomprendidas. Así que, no aspiren a grandes cosas D:
Escribiré sobre mí -desahogo total :D-, sobre lo que me gusta; libros, música, cultura popular, no tan popular, videos, y demás rarezas que me parezcan interesantes :P
Tengo aspiraciones -sueños guajiros, delirios, ilusiones, llámenle como quieran- a ser escritora; la gran mayoría de mis post probablemente serán textos míos. ¿Que si por qué? Por la simple razón de que se siente de lo lindo no tener tus creaciones -que te costaron sudor, la verdad sea dicha- olvidadas y resentidas sobre la esquina imaginaria más oscura del disco duro de una computadora. Sólo por eso.


Con un abrazo virtual y un beso imaginario,
Hyp.